Me he enganchado a Ven a cenar conmigo (Antena 3). Es lo que tengo. Me pongo dos o tres días, por casualidad, delante de la tele cuando emiten un programa y difícil es el espacio con el que no creo un vínculo de unión y me apetece seguirles en sus historias. Por eso, debéis creer que cuando descalifico una serie es que debe ser floja, porque yo es que me puedo identificar hasta con tres piedras.Me parece que tiene la duración ideal para los que nos curiosean , pero no entusiasman, los reality. Además, en este en el que de tu puntuación depende quién gana, salen a relucir las peores miserias humanas. Luego está ese intrinculis de cómo será la casa de los demás, cómo le devolverán los feos sufridos antes, a qué perfil responderá su pareja,... Me encanta imaginar todo eso y posicionarme a favor o en contra de un concursante. Indignarme y reírme con ellos. Cuando acaba esa media horita, tengo saciada esa parte voyeur de mi vida y ya me puedo enfrentar al informativo de Telecinco e, incluso, al de Canal 9. Bueno, no, a ese no.
Sólo le pondría un "pero" a Ven a cenar conmigo y es esa repelente voz en off que sirve para conducir el programa. Asumiendo que es necesario ese hilo conductor, yo preferiría un audio que no intentara ser ocurrente en cada intervención, más que nada porque eso es imposible, y nos aportara más información sobre los concursantes que por el ritmo del programa no podemos conocer.
Del estreno anoche, en la misma cadena, de El castigo (que se ha impuesto en audiencia) hablaré cuando vea las dos partes.

2 comentarios:
Y a mí que los chistes malos de la voz es una de las cosas que más gracia me hace ;-)
No, si a veces, sus comentarios son muy agudos. Y no negaré que con algún mal chiste me he reído. Pero es que es tal martilleo que agota.
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