Leo en la prensa que la Seminci de Valladolid va a poner en marcha en primavera, un encuentro paralelo al festival de cine, dedicado a la ficción televisiva, que seguramente se llamará SeminciTV.
Que un festival tan importante como el de Valladolid de ese paso y se convierta en una especie de punto de encuentro para que cadenas y productoras adelanten proyectos y programación me parece la mejor manera de acabar el año. Y el espaldarazo definitivo que necesita la pequeña pantalla para ser reconocida como merece.
Primero atentaron contra la universidad. Hoy lo han hecho contra un medio de comunicación (ETB). Entre medias extorsionan y matan. Desde luego, da que pensar que estos de ETA si algún día consiguieran su dorado de la independencia no iban a respetar mucho los principios democráticos de los que no pensaran como ellos, ¿no?.
Si hay una publicación, en papel, sobre televisión que vale la pena hacerse con ella es TVmanía, el suplemento de los sábados de La Vanguardia. Allí, junto a las opiniones de Victor Amela o Fernando de Felipe y los lujosos textos de Rafael Bladé, suele encontrarse jugosa información, además de las parrillas correspondientes.
En el ejemplar de esta semana (hoy en los kioskos) se marcan un completo resumen del año de cinco páginas con apartados dedicados al entretenimiento, los informativos, la cultura y lo más abominable, amén de un resumen general a cargo de Bladé.
Un lujo por sólo un euro (y acompañado del diario y otra revista). Compradlo que hay vida más allá de internet.
Tenía pendiente hablar de El castigo, la mini-serie, escrita y dirigida por que emitió Daniel CalparsoroAntena 3 la semana pasada. Como ocurre con el estreno de ayer de 18, hay que felicitar a los responsables del departamento de promos de dicha cadena, porque saben como pocos enganchar y despertar el interés por los estrenos. Una pena que ellos no se encarguen, después, de desarrollar los proyectos.
El castigo es larga y redundante. Larga porque lo que cuenta se podía haber reducido a un telefilme bien planificado. Redundante porque se repiten torturas (a Calparsoro le gusta más una capucha que a un niño un videojuego), situaciones y reacciones. Bastaba con que todo eso nos lo hubiera contado una vez para que impactara como debía y ayudara a la narración.
La mini-serie se inicia con un ritmo trepidante. Calparsoro sabe manejar la cámara y a su manera, sabe contar historias. Lo que pasa es que da la sensación que a mitad del metraje se aburre (y contagia a los responsables de continuidad de Antena 3, que en una descanso publicitario, rebobinaron la cinta y repitieron un par de minutitos ya vistos) y decide acabar su historia de manera torpe, con una persecución tan aburrida como prescindible, sin olvidar la elipsis del momento más esperado (la cara de los "carceleros" al ser detenidos) y el infantil giro final más propio de un corto entre amiguetes adolescentes que de un profesional, serio, del medio.
Son la puntilla de un producto que se va desgastando a medida que avanza con los delirantes diálogos entre los adolescentes; detalles lamentables como ver la habitación de una de las chicas, aficionada a las drogas, llena de posters de Amy Winehouse; que llegue a resultar creíble que un joven debilucho aguante ese ritmo de trabajo y castigo; la sub-trama de la chica que quiere quedarse embarazada; o lo absurdo de que los torturadores lleven casi la misma vida cuartelera (sus ropas, la comida,..) que los prisioneros.
Tampoco ayuda que conozcamos el pasado de los chicos mediante flash-backs. Cuando uno ve Prison Break (a pesar del lamentable estado de salud del que goza actualmente), una de las cosas que más valora es comprobar cómo es capaz de cambiar su relación con determinados personajes. En El castigo no nos dejan vivir eso. De entrada aparecen como víctimas los adolescentes y poco importa lo que hayan hecho en el pasado porque como espectadores ya sólo nos curiosea su presente y su lucha por escapar. Seguramente con una narración cronológica se hubiera ganado en intensidad.
El castigo fue líder de audiencia los dos días que se emitió.
Sigue la ficción española empeñada en cavar su propia tumba. Cada vez estamos más cerca del momento en el que alguien clavará el último clavo al ataúd y lo lanzará a la fosa. Se tapará con tierra y lamentaremos las oportunidades perdidas.
Lo de 18 en Antena 3 ha sido de vergüenza ajena. No alcanza el mínimo de seriedad y profesionalidad que se le debe exigir a una cadena generalista. Ha sido un rotundo desastre: un guión que naufragaba por todos los lados; unos diálogos que de no existir aportarían los mismo a las escenas (alguien podría explicar a quién toque que si vemos lo que hace alguien, no es necesario que nos lo cuente); unos fallos de estructura de parvulario (el ensayo del grupo ha sido una experiencia casi rappeliana); una ausencia de ritmo inaguantable; malos actores; peor dirección de los mismos; situaciones irreales; unas transiciones ajenas al tono de la serie que lastraban más su tempo; una pésima planificación temporal del capítulo; fallos y más fallos; incapacidad de tragarse que los alumnos tienen 17 años (en la misma cadena emiten Física o Química cuyos protagonistas se supone tienen la misma edad y son dos mundos);...
Declaraciones de hoy de Pedro J.Ramírez en el Foro de la Nueva Comunicación:
"Yo lo que pido es que cierren todas las televisiones públicas, que nos cuestan más de 2.000 millones de euros. No tiene sentido que tengan que existir. Si no hay periódicos públicos, ¿por qué tiene que haber televisiones públicas? Si los políticos quieren seguir dándose el gusto de pagarse sus botafumeiros a cargo del contribuyente, que lo hagan, pero que lo digan a las claras".
Yo lo que pido es que El Mundo renuncie a llenarse los bolsillos con los numerosos programas, series o proyectos que le son comprados por las distintas televisiones públicas (especialmente las gobernadas por el PP con un trato de favor por parte de Canal 9 que en algunos casos ha bordado al legalidad). Seguramente, con menos jetas como él, esos más de 2000 millones de euros serían menos.
The Biography Channel es uno de mis canales preferidos. Diría que de mi cablera (Ono) es el que más veo. Gracias a ellos, he disfrutado con estupendos documentales sobre la historia de la prensa sensacionalista en Estados Unidos, las grabaciones caseras de las estrellas de Hollywood (de antes y ahora), Brian Wilson, Sandra Dee o una serie sobre tenistas que lamenté, mil veces, no haber grabado. Sin olvidar esos Parejas y Dúos que estrenaron recientemente centrado en el mundo del celuloide. Cierto es que no todo el monte es orégano y este mes en su programa Hollywood sin censura se colaban temas tan antiguos como el rodaje de la película Sexo en Nueva York o unas imágenes del feliz matrimonio que forman Madonna y Guy Ritchie. Pero son pecados sin importancia que se le perdonan como al amigo que se le coge en una mentira piadosa.
Este mes han estrenado una nueva serie de pequeñas piezas documentales bajo el título de Pequeñas historias de la Televisión. Una producción canadiense con Forcefour Entertainment detrás, dirigida por John Ritchie y con el respaldo de la omnipresente, en aquel país, Canwest Media. Hasta ahora he visto las dedicadas a El principe de Bel Air, Playa de China, Doctor en Alaska y Los Simpson. Mentiría si no dijera que los documentales se quedan cortos (no suelen superar los 12 minutos) y que lastra su resultado final que no utilicen fragmentos de las series (imagino que por falta de derechos), pero dan voz a gente que siempre queda en un segundo plano (guionistas, inspiradores de la serie, críticos,...) y descubren aspectos y anécdotas de las producciones que de otra manera no llegaríamos a conocer. Y se convierte en el mejor complemento a otros espacios más extensos, en el mismo canal, dedicados a otras figuras catódicas como Benny Hill, Mary Tyler Moore o Bea Arthur.
Me he enganchado a Ven a cenar conmigo (Antena 3). Es lo que tengo. Me pongo dos o tres días, por casualidad, delante de la tele cuando emiten un programa y difícil es el espacio con el que no creo un vínculo de unión y me apetece seguirles en sus historias. Por eso, debéis creer que cuando descalifico una serie es que debe ser floja, porque yo es que me puedo identificar hasta con tres piedras.
Me parece que tiene la duración ideal para los que nos curiosean , pero no entusiasman, los reality. Además, en este en el que de tu puntuación depende quién gana, salen a relucir las peores miserias humanas. Luego está ese intrinculis de cómo será la casa de los demás, cómo le devolverán los feos sufridos antes, a qué perfil responderá su pareja,... Me encanta imaginar todo eso y posicionarme a favor o en contra de un concursante. Indignarme y reírme con ellos. Cuando acaba esa media horita, tengo saciada esa parte voyeur de mi vida y ya me puedo enfrentar al informativo de Telecinco e, incluso, al de Canal 9. Bueno, no, a ese no.
Sólo le pondría un "pero" a Ven a cenar conmigo y es esa repelente voz en off que sirve para conducir el programa. Asumiendo que es necesario ese hilo conductor, yo preferiría un audio que no intentara ser ocurrente en cada intervención, más que nada porque eso es imposible, y nos aportara más información sobre los concursantes que por el ritmo del programa no podemos conocer.
Del estreno anoche, en la misma cadena, de El castigo (que se ha impuesto en audiencia) hablaré cuando vea las dos partes.
Ayer fue un lunes no apto para el acné. Por la tarde, Cuatro estrenaba HKM y por la noche Antena 3 echaba el cierre a la segunda temporada de Física o Química con emotivo funeral por medio.
Lo mejor que se puede decir de HKM es que muestra la socialización del uso de la letra k entre jóvenes de todo tipo. Hace muchos años era exclusivo de colectivos punks, anarquistas, okupas y desencantados varios, que buscaban con esta tontería situarse al margen de la sociedad (casi todas sus acciones eran igual de vacías). El sms lo expandió al resto de los mortales. Y ahora en la tele, sirve igual para una serie con protagonistas, digamos, alternativos como Eva y kolegas, como para otra que se desarrolla en un colegio de niños bien como HKM.
Descubierto esto, no vale la pena nada más de la serie. Si el guión es pésimo, los actores malos y no se cuidan los aspectos de realización (imagino que para que les resulte rentable económicamente), ¿dónde rascar algo?. Tampoco es que esperara un producto innovador de la gente de Notro Tv (la adaptación española de Los Simuladores, La familia Mata y Cuestión de sexo les retratan), pero a estas alturas de la jugada ofrecer un producto con una calidad peor que Al salir de clase es preocupante del rumbo que está siguiendo la ficción nacional. Además está ese tufo de frustración que desprende todo el metraje. Como si quisieran ser Gossip Girl y se quedaran en un sosias de Nada es para siempre. La serie vuelve a pecar de evidenciar lo que debe ir descubriéndose poco a poco (como esas miradas del profesor de música a la camarera) o de situaciones mal resueltas en el papel (el padre de un alumno es infiel a su mujer con la directora del centro y no se le ocurre otra cosa que acudir a esperarla a la salida del mismo, coincidiendo, oh la la , con su hijo en la puerta). Ayer rascaron un 6'8% y eso que venían chupando rueda de Fama. Que la suerte les acompañe porque yo no lo voy a hacer.
Por la noche, Física o Química despedía temporada con un archi-publicitado entierro. Dos eran los candidatos a ser llorados: un profesor al que operaban de un tumor y un alumno que sufría un accidente. Filtraciones vía online a un lado, viendo las imágenes adelantadas del entierro, todo se decantaba hacia el joven. Conociendo lo que les gusta a los responsables de ficción nacional un giro en el guión (más que un caramelo a un niño), todo apuntaba al chaval, que era el que más fácil lo tenía para sobrevivir. Así fue.
Esta ha sido una temporada extraña de Física o Química. Empezó con unos discretos resultados de audiencia, que a medida que el personaje de Cabano enseñaba carne aumentaron. El capítulo en el que Ruth lució un desnudo parcial disparó el share y la testosterona de los jovencillos en foros de todo linaje. A partir de ahí, tuvieron tres episodios en los que superaban el número de espectadores (imagino que ávidos de seguir satisfaciendo su lado erótico festivo) al tiempo que se reducían las escenas, digamos, calientes. Curiosamente, también, el personaje de Ruth perdió importancia en la serie. Finalmente, la ficción con un doble capítulo final con mucha carga emotiva registró anoche un 22'1% batiendo, incluso a CSI.
La serie también sufrió una pequeña transformación en esta segunda temporada. Mejoró ostensiblemente en cuestión de realización, rentabilizó el perfecto manejo del ritmo que tenían sus guiones y pulió, en lo que era posible, las interpretaciones. El caso más significativo el de Javier Calvo que da vida a Fer, el adolescente gay, que una vez consumada su salida del armario, aumentó sus registros y dejó de lado al muchacho apocado y reprimido al que no sabía darle el tono justo. Sin embargo, antes del final en dos entregas, la serie entró en uno de esos bucles que tanto daño hacen a las ficciones. Los dos triángulos amorosos repetían situaciones y eso lastró el avance de las distintas tramas.
Con esta perspectiva, se llegaba al capítulo de anoche (con pequeño guiño a Pagafantas) que debía reventar los audímetros y las lágrimas. Y aunque consiguió, más o menos, lo primero, quedó muy lejos de los segundo. Cuando se acomete una momento dramático en televisión, surgen los miedos por pecar de excesivos y exagerados. Eso debió ser lo que les pasó porque en este caso no llegaron por defecto. Cualquier que ha tenido una perdida importante, sabe que la gente no se comporta así, y menos si el que muere es un chaval de 18 años. Ya ocurrió en la primera temporada, que tras el suicidio de un alumno, sus compañeros (e incluso su hermano) acudían a clase como si no hubiera pasado nada. Ayer cometieron el mismo fallo, quiero creer obligados a utilizar el centro como lugar de grabación. Tampoco resultaba real el instante en que Isaac fallece ante la mirada atónita de su madre, su profesora y su ex-novia. El de anoche era un capítulo para tirar de pañuelo y conmover hasta al menos pintado, pero se quedó a medias. Y es curioso pero no fue ni más ni menos que la sensación que se tuvo durante la hora larga que duró la entrega. Como ya he dicho, uno de los principales méritos de la serie es el ritmo que le habían conseguido dar. Ayer se esfumó. Parecía que sólo querían llegar al entierro y sufrían para rellenar el metraje con cosas interesantes que contar. Y eso, precisamente (y a pesar de esa vergonzosa tira que pasaba por el inferior de la pantalla avisando que en cinco minutos llegarían los momentos más conmovedores), acabó pasando factura a un final menos explosivo de lo esperado.
Sobre la resolución, hubiera preferido, por el bien de la serie, que hubieran sacrificado al profesor. Más que nada porque la sombra y las coincidencias (ahora, uno de los alumnos coqueteará con nazis) con Compañeros está empezando a ser demasiado alargada.
Bob Pop nos puso tras la pista el viernes pasado en su vitrina en el diario Público. Una rápida búsqueda en google nos ha descubierto la joya entera.
Es un anuncio(en el link teneis la web original que no sé porqué aquí se ve sin audio) de la compañía BleuBlanCrouge para Raise a Reader, una especie de fundación para el fomento de la lectura. El lema es (fusilo la traducción de Bob Pop): "Cuando un niño no lee, la imaginación desaparece".
El spot es fantástico.
(esta entrada también ha sido publicada en el blog el arte de cocinar para dos, en un experimento de blogcrossing)
La aparición de un nuevo canal de televisión siempre es motivo de fiesta en mi habitación. Me pongo nervioso y se me acelera el corazón, ansioso por descubrir la programación, los decorados, los presentadores, las cabeceras, los contenidos,... todo. Por eso, cuando hoy he encontrado en mi mail, un correo que me anunciaba la puesta en marcha de Literalia.TV, me he servido un vaso de leche y me he sentado ante la pantalla del ordenador (puesto que emiten online) dispuesto a degustar sus primeras entregas.
Se autodefinen como un canal pensado para gourmets de la lectura y hambrientos de letras. Y sobre el apasionante mundo de la literatura giran los tres programas, que en principio, componen su programación.
Anaqueles ocultos se centra en el otro lado de los libros: librerías, editores, agentes, ... y debutan con un reportaje sobre la Librería Berkana, centrada en la literatura homosexual. El programa cuenta con una cabecera de lujo y un montaje, que prescinde de lo superfluo, y se centra en lo que nos cuenta la propietaria del local. Buen ritmo y buenos recursos visuales para un espacio en el que el fondo predomina sobre la forma, sin que ello suponga descuidar esta última. Si no todo lo contrario. Tengo ya ganas de ver una nueva entrega. Leer os hará libros pretende recomendar, descubrir o recuperar título de ayer y hoy. Sentados en la calidez que, se supone, desprende un salón con chimenea, Ignacio Merino y Gonzalo Escarpa, bucean entre sus lecturas favoritas para ofrecérselas al espectador. El planteamiento es interesante por lo que tiene de descubrir nuevos autores y libros, pero falla en su ejecución. Los dos conductores transmiten nerviosismo y cierta inseguridad. Ésta se acrecienta cuando son retratados en los planos de recurso y aparecen impostando los gestos o cuando dan réplicas al compañero muy forzadas. Deberían relajarse y olvidarse de la presencia de las cámaras para que fluya la conversación sin que esté sujeta a un guión previo. También debe esmerarse la realización y, por ejemplo, cuando un libro es mostrado que no se reflejen brillos o luces y podamos leer con facilidad el título y contemplar la portada. Pero sin duda, son pequeños detalles que seguro se irán corrigiendo en futuras ediciones.
Basta de letras está presentado por ese incansable agitador cultural que es Nacho Fernández y promete acercarnos a la fanfarria literaria, sazonando sus reportajes y entrevistas con una buena dosis de sentido del humor que, en ocasiones, parece tan ajeno a este mundillo. El escritor Pedro de Paz es el primer invitado y, aunque algo serio, da el juego necesario para que no decaiga el tempo del programa. Se agradece cierta innovación y riesgo en algunos pasajes de la entrevista como el fragmento que se desarrolla en el interior de un vagón de metro atestado de gente, pero deberán controlar el excesivo uso del acompañamiento musical que pueda llegar a resultar cansino. Literalia.TV es el mejor ejemplo de que los libros y la televisión no tienen porqué ser enemigos irreconciliables. Y sobre todo, de que es posible abrir una ventana para que no se asomen a ella los de siempre.
Ya he hablado alguna vez de Tú antes molabas, la serie online de Antonio Castelo y Adolfo Valor. En ella se recrea la nueva vida del ex-Caiga Quien Caiga alejado de la fama televisiva. Acaban de colgar su quinto episodio y confirman que cada entrega es mejor que la anterior. Siguen contando con apariciones estelares (Juanra Bonet y Marta Nebot en esta ocasión) y guiones divertidos. Van directos al grano y no pierden el tiempo con grandes medios, sino estupendas ideas.
La pena es que Castelo tenga que refugiarse en la red y no le den la oportunidad de hacer esto en una cadena generalista. Le liaron en El Sacapuntas (Antena 3), un espacio tan vacío de imaginación como de inteligencia. Me cuentan que hace poco estuvo en sendos casting para un programa de Punt 2 sobre cine y otro sobre teatro. Lo que no llego a entender es porque si él responde a un perfil tan marcado de cómico con talento, le dan oportunidades en otros programas que acaban resultandole tan ajenos y que tan poco aprovechan sus cualidades.
Chico Santamano en su estupendo blogha entrevistado a los creadores de la serie.