Me gustó que fuera un programa breve, conciso, de poco más de media hora de duración.No me gustó la arritmía que tenía. Parecía que Javier Estrada lo conducía a golpe de orden por pinganillo.
Me gustó lo sencillo que es, sin pruebas absurdas, ni famosos por medio.
No me gustó los recursos que utilizaron para estirar un programa que consiste en presentar a los concursantes y que la gente decida quién se lleva el premio. Enseñar su nevera y hacerles repetir los motivos por los que deberían ser ellos los ganadores, olió a falta de imaginación para inventar contenidos que despierten el interés de la audiencia mientras se reciben los sms que eligen al vencedor.
Me gustó que fuera en directo. Sobre todo cuando la madre de una concursante, que no participó, criticó duramente a los programas que incitan a los jóvenes a mandar sms. Me gustó, especialmente, ese momento, porque los responsables del programa buscaban conflicto y se encontraron en un callejón sin salida por los argumentos de la señora entrevistada.
No me gustó la manera en que resolvieron la polémica anterior. Quitar la voz a una persona y despedir la conexión velozmente no es sólo una falta de educación, sino que retrata que detrás del programa hay un director cobarde y miedoso.
Me gustó que ganara la persona que, en principio, parecía que lo necesitaba más, y que no se hiciera sangre con las lágrimas de los agraciados.
No me gustó la manera abrupta de terminar el programa. Como si una vez entregado el premio ya no hubiera nada más que contar.
Me gustó que los reporteros se limitaran a hacer su trabajo y no quisieran convertirse en protagonistas. Aunque alguno parecía querer homenajear al ex-ministro Corcuera por su manera de entrar en una casa ajena.
No me gustó que los reporteros no fueran quienes hicieran las preguntas a los concursantes. Había un problema con el retorno desde el estudio principal (donde Javier Estrada preguntaba) y provocó ciertos silencios subsanables de la otra manera.
Me gustó el concepto de televisión espectáculo a la antigua usanza y que no se demorara lo que queríamos ver.
No me gustó la impostura de Javier Estrada que parecía más participando en un gag de HomoZapping que presentando el programa.

2 comentarios:
No he visto el programa (tampoco me interesa mucho) pero sí que he tenido ocasión de ver alguna vez las pequeña autopromos que meten entre otros programas y en el tiempo de publicidad. Y me recuerda mucho mucho, pero mucho, a una teletienda.
Ja, ja, ja, Patricia, ahora que lo dices es cierto. El programa también tenía cierto aire de teletienda.
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