Los últimos días, televisivamente hablando, han sido prolíficos en estrenos de ficción nacional. Hasta cuatro nuevas producciones se han asomado a la pequeña pantalla con resultado desigual. Dos con la camiseta de TVE y otras dos con el logo de Antena 3 en una esquina. Ojalá la cantidad fuera sinónimo de calidad. Pero una vez más, los deseos no se cumplen.
Abrió fuego Águila roja. Tuvo una estupenda audiencia que tal vez haga creer a sus responsables que están en el camino acertado. Pero todo lo contrario. La serie sirvió para sacar a relucir las miserias y complejos de la industria audiovisual española. Ese miedo a hacer un producto serio y competitivo. Por eso, en vez de hacer una ficción de época, se permiten licencias en el vocabulario, en la reconstrucción histórica y en los recursos narrativos (ese disparo esquivado al más puro estilo Matrix daba mucha pena), para cubrirse las espaldas. El objetivo es dejar claro que no se persigue una aventura de capa y espada, sino un batiburrillo en el que no debe faltar el gracejo español, la ocurrencia y el chiste, que para algo somos muy resalados, incluso en las peores situaciones. Desgraciadamente, esto ya empieza a ser marca de la casa. Globomedia ya lo hizo (con idénticos resultados) con Los hombres de Paco o Lex. Estaría bien que dado el papel que ocupan en el panorama de las productoras españolas, asumieran cierto riesgo y dieron el primer paso para abandonar estas prácticas.
Es, además, Águila roja, una serie con un andamiaje que parece perder el equilibrio en cada escena. No puede ser que toda la trama se sustente en la muerta de la mujer del protagonista y que ese momento esté tan mal llevado y resuelto. La serie queda lastrada por su mala planificación. No puede sustentarse porque parece provocado y acelerado el asesinato. Pero eso no parece importar a los guionistas. Ante los problemas que surgen en la elaboración de las historias, las respuestas resultan peregrinas. Que el niño no reconozca que su padre es Águila roja porque éste fuerza la voz parece una idea sacada de un parvulario. También resultan inquietantes los continuos saltos de espacio y tiempo que suceden. Un personaje puede ver como entre una escena y la siguiente pasan varias horas y cambia el escenario; mientras que otro vive las suyas (intercaladas en el montaje final con las anteriores) a tiempo real.
No ayuda tampoco el reparto. Dejando a un lado a la estupenda Miryam Gallego (que ya apuntaba maneras como becaria en Periodistas), cuesta creer al resto, especialmente al cupo de Los Serrano, sobre todo porque no se les ha pedido que cambiaran de registro. Uno tiene la sensación que en cualquier momento va a salir Antonio Molero por algún lado a saludar a su familia.
Resulta curioso el caso de David Janer y Francis Lorenzo. El tiempo ha querido que vuelvan a coincidir después de Compañeros y que se truequen los perfiles. Él pasa de conflictivo a buena persona y Lorenzo de profesor enrollado a cabrón sin límites. No puede Janer con su personaje. Le viene grande. Reconozco que tenía mis prejuicios hacia el actor. Solo le había visto en la mencionada Compañeros y allí ya lucía ese aire de derrotado con mirada perdida que ahora repite. Sin embargo, después de ver la evolución de Raúl Arévalo, que también salía en aquellos capítulos de la ficción escolar, tenía cierta esperanza. En la primera secuencia ya se percibe que no.
Sobre el futuro de la serie, intuyo que mientras mantengan el tono "serrano", sigan enseñando carnes (y con la aparición de la cuñada del protagonista seguro que irá a más), trufen la trama de misterio barato y salpiquen la narración con más escenas de acción, tienen asegurada la fidelidad de la audiencia.
Doctor Mateo (Antena 3) llegó a las pantallas el domingo pasado. Todo hace indicar que suyo va a ser el trono dejado (incompresible y voluntariamente) por Aída. Al menos, así lo reflejan las audiencias de su debut. En ambos casos son series cercanas o con personajes reconocibles, que parece ser es lo que demanda el espectador a la hora de terminar la semana y coger fuerzas para empezar una nueva.
Doctor Mateo es una serie amable. Como puede serlo, por ejemplo, el último gran éxito de cine francés, Bienvenidos al Norte. Amable, pero como ocurre con la película citada, con sentimientos. Con lugar para la comedia y el drama. El pueblo donde se desarrolla la acción no es Twin Peaks ni falta que le hace. Parece casi un impuesto que para que una serie sea buena, tiene que haber un trasfondo tenebroso u oscuro detrás. Nunca he entendido que eso sea a veces un plus a favor de cualquier creación artística. Y que lo contrario suela tener reproches.
Doctor Mateo basa parte de su encanto en sus escenarios naturales (demasiado "limpios" para el entorno en el que se sitúa) y, sobre todo, en sus personajes. Desde un comedido Gonzalo Castro hasta las eficientes Natalia Verbeke, Esperanza Pedroño, Rosario Pardo o Maria Esteve; pasando por un irreconocible Alex O'Dogherty, todos cumplen con creces su cometido. Y eso ayuda al desarrollo de la serie.
Cierto es que faltan por pulir algunos detalles del guión (que a su vez, acierta con unos diálogos nada chirriantes y con algún golpe de humor) y que las interpretaciones de los más jóvenes (Ramón Pujol, Ricardo de Barreiro,...) tienen que contagiarse de la del resto del reparto, pero estoy seguro que estamos ante el gran éxito de la temporada. Y en la mejor opción de los domingos por la noche.
El lunes, Antena 3 estrenó, de estrangis, Ell@s, una ficción corta (quince minutos) de sketches, en torno a la sempiterna relación hombres - mujeres, aquí en el apartado treintañero. El peligro de este formato es que te la juegas en el gag final. Y en poco tiempo, debes ir creando expectativa sin que se intuya la resolución. El problema de Ell@s es que ni siquiera interesa ese punto de partida. Intenta ser algo desenfadado y provocativo y acaba resultando una especie de Escenas de matrimonio para un target más joven. Y encima cometen ese pecado imperdonable de explicar las gracias por si se le han escapado a algún despistado. Resulta loable el intento de Antena 3 por encontrar su propio hit dentro de este formato. No lo fueron Eva y Kolegas ni Generación D.F., pero lo podía haber sido Impares (por cierto, que Ell@s les copia la música de transición y queda bastante cutre). La cadena no tuvo ni paciencia ni confianza y sigue disparando al aire por si caza alguna pieza.Todo hace indicar que Ell@s desaparecerá sin hacer ruido de la parrilla y encontrará acomodo en alguno de los canales de tdt del grupo.
No tiene mucha suerte El Terrat con sus aventuras en la ficción seriada. El humor directo, la réplica rápida, la salida perfecta, de la que hacen gala en sus programas de humor, desaparecen cuando se trata de un formato regido por una duración y estructura fija. No funcionó Moncloa, ¿dígame? (Telecinco), ni Divinos (Antena 3), ni Lo cartanyà (tv3). Tampoco Pelotas, estrenada hace dos días en TVE1.
Es torpe, larga, llena de tópicos, sin ritmo, aburrida,... Pretende tener una patina dramática y se convierte en depresiva. Cada capítulo se podía haber comprimido en entregas de veinte minutos y aún así sobraría material. Nada brilla, ni siquiera ese (¿intencionado?) homenaje a Lost in translation, cuando Paz Padilla le dice algo a Ángel de Andrés, cuando se marcha en el coche, que éste no acierta a escuchar. Todo resulta exagerado, impostado, sin interés alguno. Corbacho y Cruz (sus directores) parecen más interesados en reflejar y recrear el ambiente de un barrio modesto, que en profundizar y dinamizar una historia a la que le cuesta, horrores, avanzar. La frescura de Tapas o el realismo de Cobardes brillan por su ausencia. De Pelotas no interesan ni sus personajes, ni las cosas que nos cuentan.
Creo que Pelotas seguirá la misma suerte que las otras series de El Terrat en las generalistas y será retirada a medida que vaya perdiendo espectadores. Ocurra o no, lo que sí empieza a ser necesario es que dimita el responsable de TVE que da luz verde a las ficciones nacionales que está comprando el ente.




