lunes 30 de marzo de 2009

Y al tercer día, resucitó.

Con la que está cayendo, puede que al país le iría mejor si nombraran Ministro de Economía al manager no oficial de Azúcar Moreno. Porque uno será muy ingenuo, pero no es tonto. Y que el viernes, a DEC (Antena 3), acudiera una de las hermanas Salazar, y al día siguiente, a La noria (Telecinco) acudiera la otra, no pudo ser fruto de la casualidad. Alguna mente privilegiada debía estar detrás de esa grandiosa maniobra que reportó un buen pecunio a las (supuestamente) enfrentadas artistas. Así sí que se revitaliza una economía.

Aunque si algo se ha revitalizado este fin de semana (incluso podríamos ampliar y decir: rehabilitado) ha sido El Programa de Berto (La Sexta). Sus dos primeras entregas zascandileaban sin rumbo y oficio, con más muescas que aciertos. Ayer por fin estallaron las carcajadas en mi sillón. Sigue siendo necesario pulir algunas cosas (e incluso prescindir de otras como la canción del final), pero en la entrega de este domingo funcionó hasta Stefano, ese sosias del presentador que se dedica a investigar todo tipo de temas. Berto volvió a ser el chispeante e ingenioso cómico, capaz, por ejemplo, de no naufragar en un gag en el que el plató se quedaba a oscuras y la acción era recogida con una cámara con sensor infrarrojo. Al resultado final satisfactorio, ayudó que el presentador diera cancha a una de las cosas que mejor se le da hacer: comentar la actualidad. Y también, la presencia de Irene, la niña cantora de sus acertadísimas promos.

Contagiado por el repentino optimismo de la recuperación de Berto, me he despertado algo más esperanzado respecto a la quinta temporada de Lost. Si el sobrino de Buenafuente ha levantado el vuelo, cómo no lo van a conseguir Linus y compañía. Aunque tal vez, en realidad, detrás de mi pensamiento sólo se oculta una fuerte dosis de egoísmo basada en que dado que voy a seguir viendo la serie, al menos que me de buenos momentos y no se abandone a sí misma como hizo Prison Break. Y es que esta quinta sesión está siendo la más aburrida de toda la historia de Perdidos. Justo ahora que tenía todos los condimentos para dejarnos pegados a la pantalla; para fascinarnos con nuevos personajes y enigmas; para borrar el mal sabor de boca que dejó el último capítulo de la temporada anterior (juro que cuesta casi un riñón escribir esto sin soltar ningún spoiler); los guionistas, emulando a un limitado jugador de ajedrez, se han enrocado, y han detenido la acción en una especie de fango en el que por cada paso que se avanza, narrativamente hablando, se dan dos hacía atrás. Lost está en estos momentos (curioso que tengo la sensación de haber escrito esto ya antes) en el instante preciso para decidir si quiere convertirse en una de las grandes ficciones televisivas de todos los tiempos o convertirse en objeto de chanza y parodia con sus resoluciones casi infantiles. Esperemos que este jueves nos empiecen a sacar de dudas.

Dudas precisamente son pocas las que tengo sobre los nuevos programas que renuevan hoy la tarde de algunas cadenas. Cuatro sigue retratándose y cede al ¿cantante? Carlos Baute la presentación de Elígeme, un concurso para que chicos y chicas encuentren pareja. Después, el hipervitaminado Josep Lobató probará suerte (parece que el gafe persigue a este chico) con el concurso 20p. Telecinco estrena Guerra de sesos, de la productora de Pablo Motos, y que como su propio nombre indica y tanto gusta fomentar al conductor de El Hormiguero (me niego a llamarle cómico o humorista), basará su atractivo en explotar los estereotipos de hombres y mujeres. Una rentable manera de seguir cultivando este país de boinas e inocentadas que algunos parece no querer abandonar nunca. Y aún hay gente que se pregunta porque en los festejos populares se entona aquellos de "maricón el que no bote". Que le pregunten al señor Motos y su troupe. Maldito parné.

pd.- La revista Cinemanía de abril, añade el apéndice & Series a su cabecera y se marca 16 páginas sobre la pequeña pantalla, coordinadas por Mariló García, que incluye un sugerente (y seguro que debatible) ránking con las 50 mejores series del Siglo XXI.

jueves 26 de marzo de 2009

Al día (más o menos)

Teniendo en cuenta que ya llevamos, prácticamente, un cuarto de año recorrido y que, hace más de un mes que no me paso por aquí, creo que ha llegado el momento de hacer un resumen de todos (o mejor dicho, casi todos, que algo se me habrá escapado) los estrenos televisivos del 2009 en las cadenas generalistas.

No está siendo este 2009 (me remito a mi post anterior) un buen año para la ficción española. Aunque esto no sea ninguna novedad. Sólo Doctor Mateo (Antena 3) ha despertado mi interés, gracias a una cuidada realización, una buena galería de personajes y unos guiones bien escritos. Todo lo contrario que A ver si llegó (Telecinco), un atentado audiovisual con la marca de la factoría de José Luis Moreno. Tampoco el costumbrismo rancio, torpe y aburrido de Pelotas (TVE1); el humor prehistórico de la desaparecida Ell@s (Antena 3); las aventuras de cartón y espada de Águila Roja (TVE 1); el repertorio de tópicos y caras enfuruñadas de Acusados (Telecinco); o el terror made in Superpop de ¿Hay alguien ahí? (Cuatro); ha encontrado un hueco en mi teleadicción.

Los telefilmes (rebautizados como tv movies) han asentado los éxitos de audiencia que ya apuntaban en el 2008 y como era de suponer, todas las cadenas que luchan por el liderazgo (TVE, Antena 3 y Telecinco) ya tienen proyectos en la cartera. Me parece una estimulante manera de remover la adormilada industria, pero ya ha llegado el momento de exigirles un paso hacia adelante y que olviden, por un momento, los hechos históricos, a la hora de abordar nuevas entregas.

La ficción extranjera nos ha traído mejores noticias. Aunque marginadas a la madrugada, Cuatro (cadena a la que le gusta presumir de su apuesta por las series, pero luego las esconde) ha estrenado Mad Men y Robemos a ... Mick Jagger (horrorosa traducción libre de The Knights of Prosperity). La primera es impecable. La segunda (de la que ya escribí aquí) tiene suficientes atractivos para perder sueño. En mejor horario (y precedida de una campaña publicitaria que llegó a aparecer en sus informativos), La Sexta sacó a jugar a El Mentalista. Es una de esas ficciones de planteamientos clásicos y que gustan de los giros inesperados de guión, pero precisamente, como ocurre por ejemplo con House, ese esquema clónico de casi todos los capítulos, se acaba convirtiendo en su principal rémora. Telecinco, por su parte, apostó por el público más juvenil y en las tardes de los domingos emite La leyenda del buscador, con la garantía de Sam Raimi como productor y con la aventura y la fantasía como motor de enganche. Una buena propuesta para apurar el fin de semana en familia.

Los tres primeros meses de 2009 se están convirtiendo en una pesadilla para los directivos de Telecinco. El bajón de audiencia que han sufrido en algunas franjas les ha llevado a situaciones tan poco profesionales como, por ejemplo, la supresión del programa La 7ª silla, después de una única emisión. Los nervios se han apoderado de unos profesionales que tal vez, en vez de retirar proyectos que no cuajan, deberían asumir sus errores y buscar otros frentes laborales. La 7 ª silla no era una mala idea si se hubiera respetado su idea inicial de apostar por el diálogo. Sin embargo, de una cadena que presenta La Nória como un espacio de debate ¿qué se puede esperar?. No ha sido este el único fiasco de Telecinco. Guinness World Center, además de poner en evidencia los limitadisimos recursos de Carmen Alcayde como presentadora, sacaba a la luz un tipo de televisión que dormía placenteramente en los primeros años ochenta. El juego del Euromillón (tan soso como La Ruleta de la suerte (Antena 3) cuyo inesperado éxito de audiencia intenta emular) y el vergonzoso La caja (Emma García sigue construyendo el curriculum más espeluznante que se recuerde en la televisión) han sido sus otras apuestas novedosas (Sálvame, el debate para pelar a los participantes de Supervivientes no lo considero como tal) en lo que va de año.

Cuatro se ha quitado, por fin, su máscara de cadena moderna y progre y ha abrazado los peores tics de ese tipo de televisión del que querían desmarcarse. Y no sólo por el vergonzoso camino que están tomando sus mañanas, con Concha García Campoy al frente, que han convertido el morbo y el amarillismo en su principal bandera. También por realitys tan mugrientos y casposos como Granjero busca esposa; espacios de humor donde lo soez y el mal gusto campa a sus anchas como Saturday Night Live; concursos mal planificados y que acaban ahogándose en su propio aburrimiento como La batalla de los coros; o ejercicios del periodismo más sensacionalista como 21 días. Ahora es fácil entender porqué aquel Maracaná de sus inicios guiñaba tantos ojos al Tutti Frutti de la peor Telecinco.

Antena 3 no ha sabido encontrar el formato ideal para el que debía ser su programa estrella: Rico al instante. Partió de un planteamiento sencillo con Javier Estrada al frente y al que unos simples retoques y mejor gusto en la puesta en escena hubiera bastado, para convertirlo en un programa-río con Ramón García, que ganó en minutos y perdió en emoción (si es que realmente alguna vez la tuvo). El gran error de los directivos de Antena 3 fue no prever que las demás cadenas iban a contraatacar y que además lo iban a hacer con una fórmula más barata: entregar premios sustanciosos aprovechando sus programas más vistos. Sin embargo, afortunados se pueden considerar por los resultados obtenidos, sobre todo si se comparan con los registros de La vuelta al mundo en directo, cuya propia pretenciosidad hundió y ni siquiera, a golpe de escándalos buscados, pudo volver a emerger.

TVE ha tenido mayor fortuna si utilizamos el share como baremo para medir los estrenos. El show de José Mota (blanco, inofensivo, aburrido, típico, decepcionante) y Los mejores años de nuestra vida (por fin Sobera y algunos triunfitos encuentran su lugar en el mundo) que con invitados como The Troggs o Los Salvajes va camino de convertirse en el mejor programa musical de la tele pública (algo que tampoco es difícil); les garantiza buenos datos en las noches de martes y viernes. La otra novedad, Españoles en el mundo, queda a años luz de su casi homónimo en Telemadrid y así seguirá mientras premien la cantidad de protagonistas sobre la calidad y siempre que den voz a gente que sólo lleva tres meses viviendo en la ciudad que nos tienen que dar a conocer.

Dejo para el final la mayor decepción personal: El programa de Berto (La Sexta). Me cuesta escribir esto del que creo que es la mejor noticia de la televisión española de los últimos cinco años. Su capacidad cómica está a años luz del resto (y aquí incluyo también a los chanantes). Sin embargo, su programa resbala. No sé si será cuestión de rodaje, pero después de las estupendas promos y del buen inicio de la primera entrega (un gag de Berto intentando vender su espacio a las demás cadenas), el show se va diluyendo como un azucarillo y sólo respira en momentos aislados. Además la audiencia no le está acompañando y temo que un drástico golpe de timón, lleve el programa hacia los registros más soeces (escatologia y sexo que ya han aparecido y que tan poco parece ajustarse a su perfil) que supongan la perdida total del formato. Todos a poner velas.

miércoles 25 de febrero de 2009

Estrenos tv.



Los últimos días, televisivamente hablando, han sido prolíficos en estrenos de ficción nacional. Hasta cuatro nuevas producciones se han asomado a la pequeña pantalla con resultado desigual. Dos con la camiseta de TVE y otras dos con el logo de Antena 3 en una esquina. Ojalá la cantidad fuera sinónimo de calidad. Pero una vez más, los deseos no se cumplen.

Abrió fuego Águila roja. Tuvo una estupenda audiencia que tal vez haga creer a sus responsables que están en el camino acertado. Pero todo lo contrario. La serie sirvió para sacar a relucir las miserias y complejos de la industria audiovisual española. Ese miedo a hacer un producto serio y competitivo. Por eso, en vez de hacer una ficción de época, se permiten licencias en el vocabulario, en la reconstrucción histórica y en los recursos narrativos (ese disparo esquivado al más puro estilo Matrix daba mucha pena), para cubrirse las espaldas. El objetivo es dejar claro que no se persigue una aventura de capa y espada, sino un batiburrillo en el que no debe faltar el gracejo español, la ocurrencia y el chiste, que para algo somos muy resalados, incluso en las peores situaciones. Desgraciadamente, esto ya empieza a ser marca de la casa. Globomedia ya lo hizo (con idénticos resultados) con Los hombres de Paco o Lex. Estaría bien que dado el papel que ocupan en el panorama de las productoras españolas, asumieran cierto riesgo y dieron el primer paso para abandonar estas prácticas.

Es, además, Águila roja, una serie con un andamiaje que parece perder el equilibrio en cada escena. No puede ser que toda la trama se sustente en la muerta de la mujer del protagonista y que ese momento esté tan mal llevado y resuelto. La serie queda lastrada por su mala planificación. No puede sustentarse porque parece provocado y acelerado el asesinato. Pero eso no parece importar a los guionistas. Ante los problemas que surgen en la elaboración de las historias, las respuestas resultan peregrinas. Que el niño no reconozca que su padre es Águila roja porque éste fuerza la voz parece una idea sacada de un parvulario. También resultan inquietantes los continuos saltos de espacio y tiempo que suceden. Un personaje puede ver como entre una escena y la siguiente pasan varias horas y cambia el escenario; mientras que otro vive las suyas (intercaladas en el montaje final con las anteriores) a tiempo real.

No ayuda tampoco el reparto. Dejando a un lado a la estupenda Miryam Gallego (que ya apuntaba maneras como becaria en Periodistas), cuesta creer al resto, especialmente al cupo de Los Serrano, sobre todo porque no se les ha pedido que cambiaran de registro. Uno tiene la sensación que en cualquier momento va a salir Antonio Molero por algún lado a saludar a su familia.

Resulta curioso el caso de David Janer y Francis Lorenzo. El tiempo ha querido que vuelvan a coincidir después de Compañeros y que se truequen los perfiles. Él pasa de conflictivo a buena persona y Lorenzo de profesor enrollado a cabrón sin límites. No puede Janer con su personaje. Le viene grande. Reconozco que tenía mis prejuicios hacia el actor. Solo le había visto en la mencionada Compañeros y allí ya lucía ese aire de derrotado con mirada perdida que ahora repite. Sin embargo, después de ver la evolución de Raúl Arévalo, que también salía en aquellos capítulos de la ficción escolar, tenía cierta esperanza. En la primera secuencia ya se percibe que no.

Sobre el futuro de la serie, intuyo que mientras mantengan el tono "serrano", sigan enseñando carnes (y con la aparición de la cuñada del protagonista seguro que irá a más), trufen la trama de misterio barato y salpiquen la narración con más escenas de acción, tienen asegurada la fidelidad de la audiencia.



Doctor Mateo (Antena 3) llegó a las pantallas el domingo pasado. Todo hace indicar que suyo va a ser el trono dejado (incompresible y voluntariamente) por Aída. Al menos, así lo reflejan las audiencias de su debut. En ambos casos son series cercanas o con personajes reconocibles, que parece ser es lo que demanda el espectador a la hora de terminar la semana y coger fuerzas para empezar una nueva.

Doctor Mateo es una serie amable. Como puede serlo, por ejemplo, el último gran éxito de cine francés, Bienvenidos al Norte. Amable, pero como ocurre con la película citada, con sentimientos. Con lugar para la comedia y el drama. El pueblo donde se desarrolla la acción no es Twin Peaks ni falta que le hace. Parece casi un impuesto que para que una serie sea buena, tiene que haber un trasfondo tenebroso u oscuro detrás. Nunca he entendido que eso sea a veces un plus a favor de cualquier creación artística. Y que lo contrario suela tener reproches.

Doctor Mateo basa parte de su encanto en sus escenarios naturales (demasiado "limpios" para el entorno en el que se sitúa) y, sobre todo, en sus personajes. Desde un comedido Gonzalo Castro hasta las eficientes Natalia Verbeke, Esperanza Pedroño, Rosario Pardo o Maria Esteve; pasando por un irreconocible Alex O'Dogherty, todos cumplen con creces su cometido. Y eso ayuda al desarrollo de la serie.

Cierto es que faltan por pulir algunos detalles del guión (que a su vez, acierta con unos diálogos nada chirriantes y con algún golpe de humor) y que las interpretaciones de los más jóvenes (Ramón Pujol, Ricardo de Barreiro,...) tienen que contagiarse de la del resto del reparto, pero estoy seguro que estamos ante el gran éxito de la temporada. Y en la mejor opción de los domingos por la noche.

El lunes, Antena 3 estrenó, de estrangis, Ell@s, una ficción corta (quince minutos) de sketches, en torno a la sempiterna relación hombres - mujeres, aquí en el apartado treintañero. El peligro de este formato es que te la juegas en el gag final. Y en poco tiempo, debes ir creando expectativa sin que se intuya la resolución. El problema de Ell@s es que ni siquiera interesa ese punto de partida. Intenta ser algo desenfadado y provocativo y acaba resultando una especie de Escenas de matrimonio para un target más joven. Y encima cometen ese pecado imperdonable de explicar las gracias por si se le han escapado a algún despistado. Resulta loable el intento de Antena 3 por encontrar su propio hit dentro de este formato. No lo fueron Eva y Kolegas ni Generación D.F., pero lo podía haber sido Impares (por cierto, que Ell@s les copia la música de transición y queda bastante cutre). La cadena no tuvo ni paciencia ni confianza y sigue disparando al aire por si caza alguna pieza.

Todo hace indicar que Ell@s desaparecerá sin hacer ruido de la parrilla y encontrará acomodo en alguno de los canales de tdt del grupo.



No tiene mucha suerte El Terrat con sus aventuras en la ficción seriada. El humor directo, la réplica rápida, la salida perfecta, de la que hacen gala en sus programas de humor, desaparecen cuando se trata de un formato regido por una duración y estructura fija. No funcionó Moncloa, ¿dígame? (Telecinco), ni Divinos (Antena 3), ni Lo cartanyà (tv3). Tampoco Pelotas, estrenada hace dos días en TVE1.

Es torpe, larga, llena de tópicos, sin ritmo, aburrida,... Pretende tener una patina dramática y se convierte en depresiva. Cada capítulo se podía haber comprimido en entregas de veinte minutos y aún así sobraría material. Nada brilla, ni siquiera ese (¿intencionado?) homenaje a Lost in translation, cuando Paz Padilla le dice algo a Ángel de Andrés, cuando se marcha en el coche, que éste no acierta a escuchar. Todo resulta exagerado, impostado, sin interés alguno. Corbacho y Cruz (sus directores) parecen más interesados en reflejar y recrear el ambiente de un barrio modesto, que en profundizar y dinamizar una historia a la que le cuesta, horrores, avanzar. La frescura de Tapas o el realismo de Cobardes brillan por su ausencia. De Pelotas no interesan ni sus personajes, ni las cosas que nos cuentan.

Creo que Pelotas seguirá la misma suerte que las otras series de El Terrat en las generalistas y será retirada a medida que vaya perdiendo espectadores. Ocurra o no, lo que sí empieza a ser necesario es que dimita el responsable de TVE que da luz verde a las ficciones nacionales que está comprando el ente.

lunes 2 de febrero de 2009

Estreno de Las cosas Decasa.

Me gustan los programas modestos, de perfil medio, que no buscan liderar las audiencias, sino ofrecer un producto digno. Algo así como comerse unos buenos canelones en un pequeño restaurante, encontrar un disco que perseguías durante años en una recoleta tienda o descubrir un nuevo postre en el supermercado.

Soy de los que pienso que la televisión debe atender a todos. A los que prefieren unos contenidos más intelectuales, a los que sólo buscan escapismo o a los que desean estar informados. Creo que la televisión debe cobijar tanto productos culturales como realitys. Sólo una condición para todos: que estén bien hechos.

Por eso, celebro el estreno hoy de Las cosas Decasa. Situado en la parrilla del canal Decasa (de Chello Multicanal), de lunes a viernes, a las 11'30, cuenta con Goyo González de presentador. Vaya por delante que nunca he aguantado al Goyo más histriónico ni al actor. No olvido que GG es parte de la infrahistoria televisiva de cuando las privadas dieron sus primeros pasos. Pero aquí, luce relajado y con cierta simpatía.

El programa es sencillo: se supone que Goyo se va a mudar a una casa nueva y va recibiendo especialistas que le van asesorando sobre materias tan distintas como la comida, el bricolaje, la decoración,... Cierto es que los consejos del primer programa han sido excesivamente básicos y que ha habido un error muy cantarín que ha derivado en un silencio que debería haberse subsanado al ser un programa grabado, pero el aire tranquilo que se respira; que nadie hable atropelladamente; que no se chillen; que los guiones sean fluidos y no se fuercen las transiciones; que la realización sea sobria y acertada; y que los colaboradores aprueben con notable (especialmente el periodista Alberto Herrera), hacen del programa una oferta digna que podría trasladarse a cualquier generalista. Eso sí, a pesar de la participación del cocinero Julius, tan bluff como en su espacio en el Canal Cocina (también de Chello).

Goya al Mejor Vestuario.

(foto: blog de Vigalondo)

Y la radio llegó a la televisión.

Con Minuto y Resultado (La Sexta), la radio ha llegado a la televisión. Puede resultar paradójico, pero el programa deportivo de las tardes de los domingos es, por un lado, lo más antitelevisivo; y por el otro, aprovecha como nadie los avances audiovisuales.

Para el que no lo conozca, Minuto y Resultado es una especie de Carrusel Deportivo, en el que desde el estudio central, Patxi Alonso va conectando con los distintos partidos que se están jugando. En una primera época (cuando el espacio se llamaba Sport Center La Liga), esas conexiones se hacían a los estadios donde se disputaban los encuentros. El periodista, como no podía ofrecer imágenes del partido en juego, se refugiaba en una banda (glorioso es el encontronazo de una reportera) o en la grada y desde allí informaba del minuto y resultado. Imagino que los responsables de La Sexta descubrieron que aquello era muy caro y que la audiencia no era la esperada, así que abarataron costes, colocaron a todos los periodistas en una sala, les enfundaron cascos y micro y les pusieron delante de un televisor con las imágenes del match en cuestión. Con lo cual, si antes era incómodo porque te enseñaban campo sin ver acción, ahora es irracional porque es radio dentro de la televisión.

Sin embargo, ese paso hacia atrás que puede ser esa "radificación" de las retransmisiones, contrasta con la rapidez con que, una vez finalizados los partidos, está editado un pequeño resumen con los goles y alguna jugada interesante o conflictiva. Ayer, fue pitar el árbitro el final de algunos partidos e inmediatamente se podían disfrutar de las imágenes. Para los que hemos crecido con Estudio Estadio, que teníamos que esperar a costa de sueño, los resúmenes de la noche de los domingos, con la certeza de que si tu equipo había jugado a las siete puede que no vieras los mejores momentos hasta el Telediario del día siguiente, avances como éste pueden llegar a hacer olvidar la rueda de conexiones absurda que le precede durante la tarde.

La sombra de Rosa María Sardá es alargada.

Año tras año, tengo la sensación de que a RTVE le estorba la Gala de los Goya. Sólo así puedo entender que cambiaran su emisión del sábado noche al domingo (con el consiguiente fastidio para el espectador que madruga al día siguiente); que no se emitiera en directo (para ganar una agilidad que brilla por su ausencia); y que la realización fuera tan pésima. Porque resumiendo para los que nos les gusta leer mucho, la Gala de anoche (20'8 % de share) fue larga, aburrida y torpe. Y me niego a aceptar que deba ser así y que no haya otra opción.

Para empezar, TVE debería recolocar la gran fiesta del cine español en la noche del sábado como ocurría hace unos años. Ser valientes y hacer frente al fútbol. Y sobre todo, realizar una programación especial que no se limite sólo a la ceremonia. Valga como ejemplo el excelente trabajo hecho en su web. Podrían conectar con la llegada de los artistas a la alfombra verde, roja o del color que sea. Entrevistarles. Emitir reportajes de las películas seleccionadas, de las grandes olvidadas, de los profesionales desaparecidos. Vídeos que recorrieran los espacios donde se han rodado las películas nominadas. Expertos que explicaran el trabajo de determinados especialistas (maquilladores, iluminadores, directores artísticos,...) que el gran público puede desconocer. Pueden, incluso, ahora que tanta afición tienen por los concursos sms y la interactividad, proponer a los espectadores que elijan a los mejores vestidos y sortear dos plazas para la próxima ceremonia de los premios. Hay miles de opciones. Y después de la entrega de los galardones podría tener su continuidad con la opinión de los premiados; con entrevistas en una fiesta organizada por el propio ente; con reporteros que contaran anécdotas; con imágenes grabadas por algún profesional al que se le hubiera dado una cámara y pedido que grabara; ... en definitiva que fuera una programación televisiva y que aprovechara todas las posibilidades que brinda un medio audiovisual tan rico como la televisión. Y no esa urgencia por liquidar los premios y emitir después El milagro de P.Tinto. Bonita noche especial Goya. Ya una de las promos en las que se indicaba que Carmen Machi volvía (lo que no sé es donde. Imagino que era un guiño hacia la serie Aída que emite la competencia) invitaba a pensar que no había ni interés ni conocimiento por lo que se iba a retransmitir.

Televisivamente hablando fue una ceremonia fea. Feas eran las cortinillas, fea era la rotulación (que incluso costaba leerse); fea era la escenografía que parecía robada de un salón de Las Vegas y cuya abundancia de fondo y escalones resultó absurda porque no sirvió para que las cámaras nos mostraran los vestidos de los presentadores por obra y gracia de una realización torpe.

Tengo la sensación de que el profesional televisivo español es muy orgullosos y lejos de intentar aprender y renovar detalles en retransmisiones como esta, prefiere guiarse por experiencias pasadas y calcar los mismos errores. Responde esto al perfil del que busca salvar la papeleta y no ofrecer un producto digno. Bastaba con que los realizadores hubieran visionado la reciente entrega de los Globos de Oro para que hubieran tomado nota de algo tan nimio como que mientras se leía el ganador de un premio, la pantalla estuviera partida en cuatro enfocando a cada uno de los nominados, fuera cual fuera la categoría. Si los americanos lo pudieron hacer en aquel cuchitril donde se apretujaban sus profesionales, aquí con la amplitud de espacio y la previsión de dónde se iba a sentar cada uno era trabajo sencillo. Si mal fue que no lo hicieran siempre, sólo cabe de calificar de desastroso cuando en las entregas de Mejor Actor y Mejor Director sustituyeron esa imagen de los aspirantes por un baile de planos de los mismos con la consiguiente pérdida de la alegría del ganador cuando conoce su premio. Esa manía por cortar y pegar, privó de ese momento especial unas cuantas veces.

Igual de torpes resultaban los planos recursos metidos con calzador y que olían a montaje posterior. Ver a la troupe de Alex de la Iglesia felices y dicharacheros cuando los ganadores del mejor corto de animación daban las gracias a su padres o a Verónica Echegui besar, efusivamente, a su acompañante cuando Jesús Franco agradecía su premio(otro día hablaré de lo discutible de su Goya de Honor), era realmente surrealista. Errores que en un directo se pueden llegar a perdonar, pero que si se supone que la Gala se emite con media hora de retraso deben ser subsanados.

Tampoco el guión supo sacar la vis cómica de Carmen Machi. Flojo y previsible, apenas arrancó las risas o aplausos espontáneos del público. La protagonista de Aída (o ex) parecía más una presentadora al uso que una actriz. Y si eso ocurre es que algo no está funcionando bien.

No me gustó el montaje tan frío que caracterizaba cada entrega de premio; que nadie tuviera previsión para traducir las palabras del ganador de la Mejor Película Europea; la escasa originalidad de ellos vistiendo imagino que obligados por un absurdo protocolo; el lloriqueo por la crisis y la piratería o el rostro cansado de Penélope Cruz.

Por contra, me gustó el tandem Bayona / Vigalondo; la alegría de Jordi Dauder y Carme Elías; que sólo hubieran cinco pausas publicitarias (que en total apenas superaron la media hora); el buen humor de El Langui; y por encima de todo, y en mayúsculas LOS CHICOS DE MUCHACHADA NUI. Grandes en sus vídeos, grandes en su entrega de premio, grandes por no adaptar su humor a la entrega, grandes porque juegan en otra división. Ojalá, alguien piense en ellos el año que viene como conductores de la Gala.

Más opiniones en talla 38 y el blog de Ruth.

miércoles 28 de enero de 2009

¿Cómo ha llegado tan lejos... Berta Collado?

Soy un espectador, más o menos fiel, de Sé lo que hicisteis. Me gusta Ángel Martín (aunque a veces debería pisar el freno); he descubierto a Dani Mateo (al que le venía grande Noche sin tregua); me divierten los reportajes de Pilar Rubio; me he acostumbrado al humor gorrino de Miki Nadal; soy fan de Alberto Casado (aunque las prisas le impiden a veces vocalizar y este verano naufragó como sustituto); me cuesta pillarle el punto a Rober Bodegas; reclamo más protagonismo para Mario Díaz y José Lozano; y soy de los que pienso que el programa ganaría sin Patricia Conde. Lo de Berta Collado es aparte. Todo un Expediente X.

Sus reportajes son aburridos y planos. Berta no tiene vis cómica y lejos de buscar otro registro, se empeña en demostrar lo chisposa que puede llegar a ser y ahí es donde resbala y paraliza el ritmo del programa. Sus vídeos están repletos de chistes fáciles y mal ejecutados; resulta excesivamente amable con los invitados; sus preguntas no tienen ni gracia ni interés; y le encanta algo tan anti-televisivo como contarnos lo que estamos viendo.

Imagino que todo va relacionado con el talento. Cuando alguien va a grabar una salida, apenas puede llevar un preguión que le sirva como mínimo colchón de seguridad. No sabe lo que se va a encontrar una vez llegue al sitio, así que la imaginación y los reflejos juegan un papel decisivo. Berta Collado da la sensación de tomar siempre las decisiones equivocadas y preguntar lo que menos interesa o pueda beneficiar al resultado final de su reportaje. Salir a la calle con un micro y preguntar lo evidente, lo puede hacer cualquiera. Incluso, alguno de esos reporteros de los que se ríen en Sé lo que hicisteis. Hacer algo distinto, como Pilar Rubio sin ir más lejos, requiere un plus de talento. Y se tiene o no se tiene. Berta Collado no lo tiene y sus entrevistados suelen comerle el protagonismo. Sirva de muestra el vídeo.



Concha García Campoy le está dando un juego tremendo y Berta no sabe como replicarle. Ríe, pregunta tonterías y tira por tierra todas las oportunidades que le da la presentadora de Cuatro. Mientras visionas el vídeo, dan ganas de darle un empujoncito a la reportera para que entre en el juego y se aproveche del ambiente distendido para convertir lo anodino en brillante. Una vez más prefiere ausentarse del reportaje, como si no fuera con ella y ofrecer una ración más de televisión plana y blanca. Si hasta el vilipendiado Sergio Alis le da un repaso en dos tomas de lo que debe ser un vídeo diferente y cómo sacar jugo a cualquier personaje. Sobre todo para que no todas sus intervenciones parezcan idénticas. Que es lo que ocurre con Berta. Curioso que sólo una letra le separe de ese gran genio que horas más tarde sí sabe hacer televisión en la misma cadena.

La interesante vida de Angela Morley.

EnlaceEnlaceAngela Morley no compuso la sintonía de Dallas (fue Jerrold Immel), ni tampoco la de Dinastía (obra del gran Bill Conti), pero puso música para ambas series y sólo por ello merece un hueco en estos cuadernos, ahora que ha fallecido. Más si cabe por la fascinante historia que hay detrás de ella.

Nacida como Wally Scott, trabajó como arreglista en la BBC; dirigió musicalmente el sello Philips y trabajó en bandas sonoras como las de El fotografo del pánico (Michael Powell, 1960) o El espejo de los espías (Frank. R. Pierson, 1969). Hasta que en 1972 y después de dos matrimonios, Wally se convirtió en Angela gracias a una operación de cambio de sexo.

En aquellos liberales años setenta, Morley no sufrió ningún tipo de discriminación por su transexualidad y siguió trabajando para la BBC, al tiempo que seguía arreglando scores de películas. Así llegó a conseguir ser nominada a los Oscars en dos ocasiones por sus trabajos en El principito (Stanley Donen, 1974) y La zapatilla y la rosa (Bryan Forbes, 1976). Entre su amplio historial laboral también se incluyen sus arreglos para los primeros discos del fascinante Scott Walker o su participación en la orquestación de las bandas sonoras de La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) y El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980), ambas de John Williams.

Morley fue galardonada en tres ocasiones con el Emmy al mejor arreglo musical y optó otras seis a la mejor composición. Una buena muestra de que a pesar de sus trabajos para el cine y la música clásica, nunca vio su dedicación televisiva como una labor menor.

lunes 26 de enero de 2009

A ver si llegan.

Ayer se cerraba una mala semana para la ficción nacional. A las confirmaciones de los finales de LaLola (Antena 3) y Mi gemela es hija única (Telecinco), anoche empezó a andar ¡A ver si llego!, la nueva apuesta de José Luis Moreno por conseguir el favor del que gozó Aquí no hay quien viva.

Como todo producto que sale de la factoría del ex-ventrílocuo, hay un amplio reparto coral, todos chillan mucho, se centra en el costumbrismo del día a día y cuenta con una sintonía que de tan irritante se hace imposible olvidar. Pero si en la mencionada Aquí no hay quien viva o en su particular spin-off, La que se avecina, el guión estaba salpicado de atrevimiento y comicidad, aquí el referente parece ser series que nacieron carcomidas como ¿Quién da la vez? o Lleno, por favor.

Poco ayudó a su estreno que se emitiera veinte minutos más tarde de lo previsto; tampoco esa coreografía inicial más propia de un espectáculo de revista o del propio Noche Sensacional que Moreno producía; y menos aún que la cadena decidiera programar dos capítulos seguidos. Pero cuando la serie empezó a rodar todo fue peor de lo previsto.

Ritmo narrativo no significa que los actores se disparen unos a otros las frases y réplicas, temerosos a que se haga un silencio, aunque sea para respirar. Alguien debería explicárselo a José Luis Rodríguez, guionista y director de la primera doble entrega. Es estresante, ver como los personajes chillan, hablan, discuten, a una velocidad imposible de asimilar. El mejor ejemplo de lo que explico lo representa el personaje al que da vida Jordi Vilches. Si sus intervenciones fueran más pausadas, menos eléctricas, con el freno de mano puesto pero sin ser soporífero, ganaría mucho y sería el relevo popular del portero al quedaba vida Fernando Tejero en Aquí no hay quien viva.

Pero no es el único "pero" de la serie. El guión carece de gancho cómico. Se suceden las escenas sin interés alguno. Podrían rodarse sólo cuatro o alargar hasta doscientas, que nada cambiaría. Los actores hacen lo que pueden con esas caricaturas que les ha tocado en el reparto. Los decorados parecen sacados del cartón piedra de alguna producción de serie doble z. Y ese afán por rellenar el silencio y el espacio, alcanza su cenit, en las escenas de transición, donde una cantidad exagerada de figurantes llena las calles. Tampoco el guión hace realidad eso que anunciaban de reírse de la crisis. Más bien, lo contrario.

A ver si llego registró un 16% y un 15'1 % de share en sus primeras entregas. Excesivo dada la calidad del producto. Y una ridiculez si recordamos la audiencia que conseguía Aída en ese mismo horario. Telecinco apura sus balas en el peor momento de su historia. La siguiente será este miércoles con el estreno de Acusados. Los avances tiran para atrás. Un thriller enrevesado en el que los actores compiten por mostrar la cara más enfadada de todos para dar credibilidad a su personaje. Y aquí es donde las sabias palabras que ayer escribía Elvira Lindo en El País cobran toda su razón de ser: "... pensé que en muchas ocasiones la ficción, en España, se pierde por querer imitar lo inimitable, las series norteamericanas, y no buscar el lenguaje propio. No hay nada más sólido que unos buenos diálogos y unos buenos actores".

domingo 18 de enero de 2009

Dos menos.

Esta semana se ha hecho oficial. Ni Prison Break tendrá más temporadas, ni habrá segunda entrega de Swingtown.

En el caso de la primera es un alivio. A la espera de que en primavera, la serie retome el tramo final de su cuarta temporada (a ritmo USA), tengo unas ganas tremendas de ver a los dos hermanitos con su tienda de submarinismo en Hawai o donde quieran montarla y olvidarlos por un tiempo. Y es que ya resultan cansinos, casi tanto como los continuos giros sin sentido que toma la trama, o ese T-Bag que tiene más vidas que un gato, o esos oficiales del FBI tan poderosos a los que se les escapan los prisioneros con una facilidad infantil, o esa ración de violencia gratuita que regalan en cada capítulo. Aunque estoy seguro que el último episodio tendrá un final abierto y con cierta intriga, respiraré cuando los vea entre trajes de neopreno y rodeados de sus seres más queridos (que en el caso de Lincoln los tendrán que rescatar del limbo narrativo).

El caso de Swingtown es una pena. Sobre todo porque su primera temporada dejó tantos hilos abiertos que no me seduce la idea de tener que inventarme yo su resolución. Ya podrían los guionistas cuando acaban una temporada tener previsto el devenir de los personajes y que se grabara (tipo el final de Desmadre a la Americana) un apoyo en imágenes con una voz en off que contara el futuro de los protagonistas. Si la serie no renueva que se emitiera junto a la reposición del último capítulo y todos tan contentos.

Más que nada porque al final uno se aficiona a una serie y tiene la sensación (como ya ocurrió con October Road) que lo dejan tirado como a una colilla.