Antena 3 estrenó, anoche, su nueva apuesta por la ficción cómica. Se trata de Padres, adaptación de la canadiense "Les Parent" y que se emitirá diariamente (si el share no dice lo contrario) desde esta misma noche.
Padres es una serie bien hecha, con un casting fantástico y unos guiones bien facturados que buscan el humor para todos. No tienen la acidez de Cámera Café, pero no caen en la vergüenza ajena de otras series. Es un producto bien facturado que debutó con un aceptable 13'5 % de audiencia y que debe saber buscar su público objetivo. Y éste, no es otro que el infantil-juvenil que hace la digestión de la cena con sus padres, delante de El Hormiguero (Cuatro). Porque no es una ficción adulta. De hecho, la amplia nómina de personajes jóvenes así lo atestigua. Basta que pulan un poco el tono de la serie (sin caer en la escatología de Pablo Motos) para que se conviertan en una alternativa digna en la lucha por los espectadores. Por eso, no llego a comprender el horario escogido para su emisión. Las 21'45 h resulta algo tarde para una audiencia potencial que, al día siguiente, tiene que madrugar. Además se juega con el handicap que sus principales competidores, las inaguantables Trancas y Barrancas, ya llevan 20 minutos de emisión. Fijar el incio de Padres sobre las 21'15h sería la mejor decisión que podrían tomar en Antena 3 si el share les empieza a dar la espalda. Sobre todo antes de refugiarla en algunas de sus opciones de tdt.
Claro que Padres no es, por ejemplo, Matrimonio con hijos. Pero es que tampoco pretende serlo. Debemos acostumbrarnos a que pueden haber productos bien realizados que no se ajusten a nuestras necesidades o gustos y que no todo en la pequeña pantalla debe aspirar a ser Los Soprano o Extras. Todo espectador tiene derecho a poder ver lo que más le entretenga. Democracia televisiva se llama.
Me las prometía muy felices el sábado cuando decidí pasar la tarde en compañía de Telecinco. El programa de Maria Teresa Campos (que no tiene nombre fijo y que está pesimamente realizado) anunciaba la emisión de "El Pescailla, el marido de Lola" y yo, como fan declarado del maravilloso guitarrista y mejor cantante, me senté delante de la pantalla preparado para disfrutar con imágenes inéditas, anécdotas jugosas, actuaciones irrepetibles,... en definitiva cualquier tipo de material que ayudara a ensalzar y hacer más popular la figura artística del primer crooner aflamencado que hemos tenido en España. Ni siquiera me asustó que entre los invitados estuvieran Marujita Díaz y el Golosina. Al fin y al cabo, eran amigos íntimos y sus testimonios, aunque edulcorados por su afán de protagonismo, supondría información de primera mano.
Nada de lo esperado ocurrió. Principalmente porque a ninguno de los allí presentes (sólo Pilar Eyre hizo algún amago) les importaba un pepino (bueno, imagino que a su hija sí, pero como apenas habló) la figura de Antonio González "el Pescailla". Sólo se le mencionaba como excusa para poder hablar (y ver vídeos) de Lola Flores. Imágenes y cotilleos mil veces contados; homenajes presuntamente improvisados que olían a rancio; historias (la boda de Lolita, el fraude a Hacienda, su relación con Franco) que cualquier humano ya conoce sobre La Faraona. ¿Por qué presentarlo como un programa especial sobre su marido? Para dar salida a una entrevista (que sólo ocupó una sexta parte del total) no emitida anteriormente. Escaso bagaje para un artista que merece mejor reconocimiento y dejar de estar a la sombra de su mujer. Mientras eso ocurra seguiremos conformándonos con el estupendo reportaje que le dedicaron en el programa La Rumba Tomba de la televisión local Barcelona TV.
Por cierto, que en su afán por quedar en evidencia, el programa de María Teresa Campos anunció la emisión de la última entrevista que dio, en vida, José Luis López Vázquez. Tal grabación había sido concedida por el actor a una televisión local andaluza porque no quería que se viera su deteriorado estado en toda España. De hecho, había rechazado aparecer en cadenas de ámbito nacional. Telecinco puso varios fragmentos, pasándose por el forro una de las últimas peticiones de uno de los mejores intérpretes que hemos tenido en este país. Brillante manera de humillar a dos figuras importantes. Afortunadamente la audiencia nos les acompañó.
Ya he dicho varias veces que creo que debe haber televisión para todos. Por eso, cuando hablo de algunos programas o series, intento ser objetivo (ja!) y no centrarme, exclusivamente en mis gustos.
Aviso esto antes de hablar de Doctor Mateo. Nos soy superfan de la serie (vamos, que no me la compraría en dvd), pero creo que es un buen producto. O al menos, lo fue en sus primeros capítulos. Ayudaba que las localizaciones fueran un personaje más y que la ficción tuviera un protagonismo coral. Era una serie que se dejaba ver y que se convertía en una buena opción, la noche de los domingos, para los que no gustaban del humor de Aída. A mitad de temporada, sin embargo, la serie se "emperezonó". Las tramas avanzaban con cierta torpeza y la tensión sexual no resuelta entre el propio doctor (estupendo Gonzalo Castro) y Adriana (muy bien Natalia Verbeke) había sufrido tantos cambios, que empezaba a sufrir el síndrome bucle y eso que los capítulos no llegaban a la docena. A pesar de todo, mantenía cierto encanto.
El domingo, por eso, me senté a ver la primera entrega de la segunda temporada. Y ví que esos mismos problemas se habían acentuado. Incluso que algunas nuevas tramas estaban metidas con calzador (sigo esperando una explicación convincente a la llegada de padres y hermanos de ella). Pero es que además, se había reducido la coralidad y las localizaciones tenían un papel secundario. Acabé pidiendo la hora con el capítulo. Y siendo estreno de nueva tanda de episodios no es un buen augurio. La audiencia tampoco acompañó lo esperado. Y no creo que fuera sólo por el estreno de Gran Hermano. Domingo por la noche, la gente huye de la pereza. Deberá tenerlo en cuenta Doctor Mateo si quiere sobrevivir en la parrilla.
Mañana echa el telón Vaya par ...de tres, la apuesta de Antena 3 para hacer frente a Sálvame. Muere un programa nacido de la improvisación y las prisas. Y deja, tras de sí, a un presentador prácticamente defenestrado (Julián Iantzi); a un periodista que ha descubierto sus escarceos bisexuales (Jesús Mariñas) en pos de una audiencia no conseguida; a una estrellita mediática (María Patiño) incapaz de llevar el peso de un programa; y a un apagafuegos (Ximo Rovira) que no siempre hace milagros. Y espero que también, a una manera de hacer televisión nada profesional.
Leo en la revista Qué Leer de este mes una publicidad del libro "Burlando a la parca" de Josh Bazell editado por Anagrama: Un thriller desopilante entre House y Los Soprano.
¿Quién podía imaginar que algún día sucedería esto?
Uno de los motivos por los que dejé de escribir en el blog fue porque me cansé de escribir cosas negativas. La actualidad televisiva mandaba y pocas cosas se salvaban. Ahora que ha empezado la nueva temporada, tengo la sensación que puede volver a ocurrir.
No hay ningún estreno que despierte la más mínima curiosidad por seguir cómo irá avanzando. Ni el morbo amarillista de La noche Mix, ni ese multisobado y artificial (gran curriculum el que está acumulando Reforma sorpresaNúria Roca). Tampoco las series se salvan.
90-60-90 tiene un gran problema. En realidad, tiene muchos, pero sobre todo uno y muy gordo. Y es que dudo que nadie se crea lo que ocurre durante los primeros cinco minutos. Siendo así, cuesta que nos convenzan de lo que vaya a pasar en los quince siguientes. Y con estas premisas, ni hablamos del resto de capítulos que faltan por emitir. Ni la muerte de la madre de la protagonista, ni la absurda historia del hermano solitario, ni la escasa pena de las niñas que se quedan huérfanas, ni todo lo que envuelve a la agencia de modelos. Nada es creíble. Parece que los responsables de la serie tenían prisa por quitarse esa especie de prólogo de encima para empezar con lo bueno: sexo, suicidios, fiestas, moda,... Un cóctel tan aburrido y previsible que ya explotó la misma cadena (Antena 3) y la misma productora (Diagonal TV) con otro subproducto como 700 euros.
A Los Exitosos Pells no les veo sentido alguno. Nunca he entendido los remakes y adaptaciones. Si ya está el original, ¿para qué vamos a contar la misma historia?. Y eso es lo que lastra a la serie de Cuatro. Si ya existe la argentina, ¿para qué necesitamos la española?. Comparte defectos con ella y sus capítulos resultan igual de largos. Hay algunos fallos en el casting, pero en líneas generales la interpretación y la producción es buena. Pero eso es como ir peinado un día de viento. No sirve para nada.
Que irreverente, provocativo, ácido e irónico no es lo mismo que maleducado, soez, demagogo y previsible, se lo debería explicar alguien a Risto Mejide y a los guionistas de su G-20. Porque sus soflamas, son tan infantiles que, dejan en puro tratado anarquista el caca-culo-pedo-pis que popularizaron Enrique y Ana hace muchos años. Insultar lo puede hacer cualquier. Una crítica inteligente está al alcance de muy pocos.
El programa tiene un punto de partida interesante. Establecer un ránking de 20 personas a las que criticar por sus actuaciones o sus palabras. Un proyecto así merecía un plató más trabajado y no robado a una televisión local en liquidación, que es lo que parece. También merece un presentador que sepa hablar, que no se trabe, que transmita credibilidad y, sobre todo, que esté bien informado. Ninguna de esas características las cumple Risto.
Pero claro, entonces igual G-20 no se emitiría en Telecinco y no estaría producido por La Fábrica de la Tele (productora que luce como currículum espacios como Aquí hay tomate, La noria, La caja, Sálvame,...). Al menos, el programa sirve para confirmar que Risto es un simple vendehumos que intenta aprovechar al máximo la popularidad que le da la pequeña pantalla para ganar fama y dinero. casualmente, igual que los participantes de Operación Triunfo a los que despedazaba.
Con la que está cayendo, puede que al país le iría mejor si nombraran Ministro de Economía al manager no oficial de Azúcar Moreno. Porque uno será muy ingenuo, pero no es tonto. Y que el viernes, a DEC (Antena 3), acudiera una de las hermanas Salazar, y al día siguiente, a La noria (Telecinco) acudiera la otra, no pudo ser fruto de la casualidad. Alguna mente privilegiada debía estar detrás de esa grandiosa maniobra que reportó un buen pecunio a las (supuestamente) enfrentadas artistas. Así sí que se revitaliza una economía.
Aunque si algo se ha revitalizado este fin de semana (incluso podríamos ampliar y decir: rehabilitado) ha sido El Programa de Berto (La Sexta). Sus dos primeras entregas zascandileaban sin rumbo y oficio, con más muescas que aciertos. Ayer por fin estallaron las carcajadas en mi sillón. Sigue siendo necesario pulir algunas cosas (e incluso prescindir de otras como la canción del final), pero en la entrega de este domingo funcionó hasta Stefano, ese sosias del presentador que se dedica a investigar todo tipo de temas. Berto volvió a ser el chispeante e ingenioso cómico, capaz, por ejemplo, de no naufragar en un gag en el que el plató se quedaba a oscuras y la acción era recogida con una cámara con sensor infrarrojo. Al resultado final satisfactorio, ayudó que el presentador diera cancha a una de las cosas que mejor se le da hacer: comentar la actualidad. Y también, la presencia de Irene, la niña cantora de sus acertadísimas promos.
Contagiado por el repentino optimismo de la recuperación de Berto, me he despertado algo más esperanzado respecto a la quinta temporada de Lost. Si el sobrino de Buenafuente ha levantado el vuelo, cómo no lo van a conseguir Linus y compañía. Aunque tal vez, en realidad, detrás de mi pensamiento sólo se oculta una fuerte dosis de egoísmo basada en que dado que voy a seguir viendo la serie, al menos que me de buenos momentos y no se abandone a sí misma como hizo Prison Break. Y es que esta quinta sesión está siendo la más aburrida de toda la historia de Perdidos. Justo ahora que tenía todos los condimentos para dejarnos pegados a la pantalla; para fascinarnos con nuevos personajes y enigmas; para borrar el mal sabor de boca que dejó el último capítulo de la temporada anterior (juro que cuesta casi un riñón escribir esto sin soltar ningún spoiler); los guionistas, emulando a un limitado jugador de ajedrez, se han enrocado, y han detenido la acción en una especie de fango en el que por cada paso que se avanza, narrativamente hablando, se dan dos hacía atrás. Lost está en estos momentos (curioso que tengo la sensación de haber escrito esto ya antes) en el instante preciso para decidir si quiere convertirse en una de las grandes ficciones televisivas de todos los tiempos o convertirse en objeto de chanza y parodia con sus resoluciones casi infantiles. Esperemos que este jueves nos empiecen a sacar de dudas.
Dudas precisamente son pocas las que tengo sobre los nuevos programas que renuevan hoy la tarde de algunas cadenas. Cuatro sigue retratándose y cede al ¿cantante? Carlos Baute la presentación de Elígeme, un concurso para que chicos y chicas encuentren pareja. Después, el hipervitaminado Josep Lobató probará suerte (parece que el gafe persigue a este chico) con el concurso 20p. Telecinco estrena Guerra de sesos, de la productora de Pablo Motos, y que como su propio nombre indica y tanto gusta fomentar al conductor de El Hormiguero (me niego a llamarle cómico o humorista), basará su atractivo en explotar los estereotipos de hombres y mujeres. Una rentable manera de seguir cultivando este país de boinas e inocentadas que algunos parece no querer abandonar nunca. Y aún hay gente que se pregunta porque en los festejos populares se entona aquellos de "maricón el que no bote". Que le pregunten al señor Motos y su troupe. Maldito parné.
pd.- La revista Cinemanía de abril, añade el apéndice & Series a su cabecera y se marca 16 páginas sobre la pequeña pantalla, coordinadas por Mariló García, que incluye un sugerente (y seguro que debatible) ránking con las 50 mejores series del Siglo XXI.
Teniendo en cuenta que ya llevamos, prácticamente, un cuarto de año recorrido y que, hace más de un mes que no me paso por aquí, creo que ha llegado el momento de hacer un resumen de todos (o mejor dicho, casi todos, que algo se me habrá escapado) los estrenos televisivos del 2009 en las cadenas generalistas.
No está siendo este 2009 (me remito a mi post anterior) un buen año para la ficción española. Aunque esto no sea ninguna novedad. Sólo Doctor Mateo(Antena 3) ha despertado mi interés, gracias a una cuidada realización, una buena galería de personajes y unos guiones bien escritos. Todo lo contrario que A ver si llegó (Telecinco), un atentado audiovisual con la marca de la factoría de José Luis Moreno. Tampoco el costumbrismo rancio, torpe y aburrido de Pelotas (TVE1); el humor prehistórico de la desaparecida Ell@s (Antena 3); las aventuras de cartón y espada de Águila Roja (TVE 1); el repertorio de tópicos y caras enfuruñadas de Acusados (Telecinco); o el terror made in Superpop de ¿Hay alguien ahí? (Cuatro); ha encontrado un hueco en mi teleadicción.
Los telefilmes (rebautizados como tv movies) han asentado los éxitos de audiencia que ya apuntaban en el 2008 y como era de suponer, todas las cadenas que luchan por el liderazgo (TVE, Antena 3 y Telecinco) ya tienen proyectos en la cartera. Me parece una estimulante manera de remover la adormilada industria, pero ya ha llegado el momento de exigirles un paso hacia adelante y que olviden, por un momento, los hechos históricos, a la hora de abordar nuevas entregas.
La ficción extranjera nos ha traído mejores noticias. Aunque marginadas a la madrugada, Cuatro (cadena a la que le gusta presumir de su apuesta por las series, pero luego las esconde) ha estrenado Mad Men y Robemos a ... Mick Jagger (horrorosa traducción libre de The Knights of Prosperity). La primera es impecable. La segunda (de la que ya escribí aquí) tiene suficientes atractivos para perder sueño. En mejor horario (y precedida de una campaña publicitaria que llegó a aparecer en sus informativos), La Sexta sacó a jugar a El Mentalista. Es una de esas ficciones de planteamientos clásicos y que gustan de los giros inesperados de guión, pero precisamente, como ocurre por ejemplo con House, ese esquema clónico de casi todos los capítulos, se acaba convirtiendo en su principal rémora. Telecinco, por su parte, apostó por el público más juvenil y en las tardes de los domingos emite La leyenda del buscador, con la garantía de Sam Raimi como productor y con la aventura y la fantasía como motor de enganche. Una buena propuesta para apurar el fin de semana en familia.
Los tres primeros meses de 2009 se están convirtiendo en una pesadilla para los directivos de Telecinco. El bajón de audiencia que han sufrido en algunas franjas les ha llevado a situaciones tan poco profesionales como, por ejemplo, la supresión del programa La 7ª silla, después de una única emisión. Los nervios se han apoderado de unos profesionales que tal vez, en vez de retirar proyectos que no cuajan, deberían asumir sus errores y buscar otros frentes laborales. La 7 ª silla no era una mala idea si se hubiera respetado su idea inicial de apostar por el diálogo. Sin embargo, de una cadena que presenta La Nória como un espacio de debate ¿qué se puede esperar?. No ha sido este el único fiasco de Telecinco. Guinness World Center, además de poner en evidencia los limitadisimos recursos de Carmen Alcayde como presentadora, sacaba a la luz un tipo de televisión que dormía placenteramente en los primeros años ochenta. El juego del Euromillón (tan soso como La Ruleta de la suerte(Antena 3) cuyo inesperado éxito de audiencia intenta emular) y el vergonzoso La caja (Emma García sigue construyendo el curriculum más espeluznante que se recuerde en la televisión) han sido sus otras apuestas novedosas (Sálvame, el debate para pelar a los participantes de Supervivientes no lo considero como tal) en lo que va de año.
Cuatro se ha quitado, por fin, su máscara de cadena moderna y progre y ha abrazado los peores tics de ese tipo de televisión del que querían desmarcarse. Y no sólo por el vergonzoso camino que están tomando sus mañanas, con Concha García Campoy al frente, que han convertido el morbo y el amarillismo en su principal bandera. También por realitys tan mugrientos y casposos como Granjero busca esposa; espacios de humor donde lo soez y el mal gusto campa a sus anchas como Saturday Night Live; concursos mal planificados y que acaban ahogándose en su propio aburrimiento como La batalla de los coros; o ejercicios del periodismo más sensacionalista como 21 días. Ahora es fácil entender porqué aquel Maracaná de sus inicios guiñaba tantos ojos al Tutti Frutti de la peor Telecinco.
Antena 3 no ha sabido encontrar el formato ideal para el que debía ser su programa estrella: Rico al instante. Partió de un planteamiento sencillo con Javier Estrada al frente y al que unos simples retoques y mejor gusto en la puesta en escena hubiera bastado, para convertirlo en un programa-río con Ramón García, que ganó en minutos y perdió en emoción (si es que realmente alguna vez la tuvo). El gran error de los directivos de Antena 3 fue no prever que las demás cadenas iban a contraatacar y que además lo iban a hacer con una fórmula más barata: entregar premios sustanciosos aprovechando sus programas más vistos. Sin embargo, afortunados se pueden considerar por los resultados obtenidos, sobre todo si se comparan con los registros de La vuelta al mundo en directo, cuya propia pretenciosidad hundió y ni siquiera, a golpe de escándalos buscados, pudo volver a emerger.
TVE ha tenido mayor fortuna si utilizamos el share como baremo para medir los estrenos. El show de José Mota (blanco, inofensivo, aburrido, típico, decepcionante) y Los mejores años de nuestra vida (por fin Sobera y algunos triunfitos encuentran su lugar en el mundo) que con invitados como The Troggs o Los Salvajes va camino de convertirse en el mejor programa musical de la tele pública (algo que tampoco es difícil); les garantiza buenos datos en las noches de martes y viernes. La otra novedad, Españoles en el mundo, queda a años luz de su casi homónimo en Telemadrid y así seguirá mientras premien la cantidad de protagonistas sobre la calidad y siempre que den voz a gente que sólo lleva tres meses viviendo en la ciudad que nos tienen que dar a conocer.
Dejo para el final la mayor decepción personal: El programa de Berto(La Sexta). Me cuesta escribir esto del que creo que es la mejor noticia de la televisión española de los últimos cinco años. Su capacidad cómica está a años luz del resto (y aquí incluyo también a los chanantes). Sin embargo, su programa resbala. No sé si será cuestión de rodaje, pero después de las estupendas promos y del buen inicio de la primera entrega (un gag de Berto intentando vender su espacio a las demás cadenas), el show se va diluyendo como un azucarillo y sólo respira en momentos aislados. Además la audiencia no le está acompañando y temo que un drástico golpe de timón, lleve el programa hacia los registros más soeces (escatologia y sexo que ya han aparecido y que tan poco parece ajustarse a su perfil) que supongan la perdida total del formato. Todos a poner velas.
Los últimos días, televisivamente hablando, han sido prolíficos en estrenos de ficción nacional. Hasta cuatro nuevas producciones se han asomado a la pequeña pantalla con resultado desigual. Dos con la camiseta de TVE y otras dos con el logo de Antena 3 en una esquina. Ojalá la cantidad fuera sinónimo de calidad. Pero una vez más, los deseos no se cumplen.
Abrió fuego Águila roja. Tuvo una estupenda audiencia que tal vez haga creer a sus responsables que están en el camino acertado. Pero todo lo contrario. La serie sirvió para sacar a relucir las miserias y complejos de la industria audiovisual española. Ese miedo a hacer un producto serio y competitivo. Por eso, en vez de hacer una ficción de época, se permiten licencias en el vocabulario, en la reconstrucción histórica y en los recursos narrativos (ese disparo esquivado al más puro estilo Matrix daba mucha pena), para cubrirse las espaldas. El objetivo es dejar claro que no se persigue una aventura de capa y espada, sino un batiburrillo en el que no debe faltar el gracejo español, la ocurrencia y el chiste, que para algo somos muy resalados, incluso en las peores situaciones. Desgraciadamente, esto ya empieza a ser marca de la casa. Globomedia ya lo hizo (con idénticos resultados) con Los hombres de Paco o Lex. Estaría bien que dado el papel que ocupan en el panorama de las productoras españolas, asumieran cierto riesgo y dieron el primer paso para abandonar estas prácticas.
Es, además, Águila roja, una serie con un andamiaje que parece perder el equilibrio en cada escena. No puede ser que toda la trama se sustente en la muerta de la mujer del protagonista y que ese momento esté tan mal llevado y resuelto. La serie queda lastrada por su mala planificación. No puede sustentarse porque parece provocado y acelerado el asesinato. Pero eso no parece importar a los guionistas. Ante los problemas que surgen en la elaboración de las historias, las respuestas resultan peregrinas. Que el niño no reconozca que su padre es Águila roja porque éste fuerza la voz parece una idea sacada de un parvulario. También resultan inquietantes los continuos saltos de espacio y tiempo que suceden. Un personaje puede ver como entre una escena y la siguiente pasan varias horas y cambia el escenario; mientras que otro vive las suyas (intercaladas en el montaje final con las anteriores) a tiempo real.
No ayuda tampoco el reparto. Dejando a un lado a la estupenda Miryam Gallego (que ya apuntaba maneras como becaria en Periodistas), cuesta creer al resto, especialmente al cupo de Los Serrano, sobre todo porque no se les ha pedido que cambiaran de registro. Uno tiene la sensación que en cualquier momento va a salir Antonio Molero por algún lado a saludar a su familia.
Resulta curioso el caso de David Janer y Francis Lorenzo. El tiempo ha querido que vuelvan a coincidir después de Compañeros y que se truequen los perfiles. Él pasa de conflictivo a buena persona y Lorenzo de profesor enrollado a cabrón sin límites. No puede Janer con su personaje. Le viene grande. Reconozco que tenía mis prejuicios hacia el actor. Solo le había visto en la mencionada Compañeros y allí ya lucía ese aire de derrotado con mirada perdida que ahora repite. Sin embargo, después de ver la evolución de Raúl Arévalo, que también salía en aquellos capítulos de la ficción escolar, tenía cierta esperanza. En la primera secuencia ya se percibe que no.
Sobre el futuro de la serie, intuyo que mientras mantengan el tono "serrano", sigan enseñando carnes (y con la aparición de la cuñada del protagonista seguro que irá a más), trufen la trama de misterio barato y salpiquen la narración con más escenas de acción, tienen asegurada la fidelidad de la audiencia.
Doctor Mateo (Antena 3) llegó a las pantallas el domingo pasado. Todo hace indicar que suyo va a ser el trono dejado (incompresible y voluntariamente) por Aída. Al menos, así lo reflejan las audiencias de su debut. En ambos casos son series cercanas o con personajes reconocibles, que parece ser es lo que demanda el espectador a la hora de terminar la semana y coger fuerzas para empezar una nueva.
Doctor Mateo es una serie amable. Como puede serlo, por ejemplo, el último gran éxito de cine francés, Bienvenidos al Norte. Amable, pero como ocurre con la película citada, con sentimientos. Con lugar para la comedia y el drama. El pueblo donde se desarrolla la acción no es Twin Peaks ni falta que le hace. Parece casi un impuesto que para que una serie sea buena, tiene que haber un trasfondo tenebroso u oscuro detrás. Nunca he entendido que eso sea a veces un plus a favor de cualquier creación artística. Y que lo contrario suela tener reproches.
Doctor Mateo basa parte de su encanto en sus escenarios naturales (demasiado "limpios" para el entorno en el que se sitúa) y, sobre todo, en sus personajes. Desde un comedido Gonzalo Castro hasta las eficientes Natalia Verbeke, Esperanza Pedroño, Rosario Pardo o Maria Esteve; pasando por un irreconocible Alex O'Dogherty, todos cumplen con creces su cometido. Y eso ayuda al desarrollo de la serie.
Cierto es que faltan por pulir algunos detalles del guión (que a su vez, acierta con unos diálogos nada chirriantes y con algún golpe de humor) y que las interpretaciones de los más jóvenes (Ramón Pujol, Ricardo de Barreiro,...) tienen que contagiarse de la del resto del reparto, pero estoy seguro que estamos ante el gran éxito de la temporada. Y en la mejor opción de los domingos por la noche.
El lunes, Antena 3 estrenó, de estrangis, Ell@s, una ficción corta (quince minutos) de sketches, en torno a la sempiterna relación hombres - mujeres, aquí en el apartado treintañero. El peligro de este formato es que te la juegas en el gag final. Y en poco tiempo, debes ir creando expectativa sin que se intuya la resolución. El problema de Ell@s es que ni siquiera interesa ese punto de partida. Intenta ser algo desenfadado y provocativo y acaba resultando una especie de Escenas de matrimonio para un target más joven. Y encima cometen ese pecado imperdonable de explicar las gracias por si se le han escapado a algún despistado. Resulta loable el intento de Antena 3 por encontrar su propio hit dentro de este formato. No lo fueron Eva y Kolegas ni Generación D.F., pero lo podía haber sido Impares (por cierto, que Ell@s les copia la música de transición y queda bastante cutre). La cadena no tuvo ni paciencia ni confianza y sigue disparando al aire por si caza alguna pieza.
Todo hace indicar que Ell@s desaparecerá sin hacer ruido de la parrilla y encontrará acomodo en alguno de los canales de tdt del grupo.
No tiene mucha suerte El Terrat con sus aventuras en la ficción seriada. El humor directo, la réplica rápida, la salida perfecta, de la que hacen gala en sus programas de humor, desaparecen cuando se trata de un formato regido por una duración y estructura fija. No funcionó Moncloa, ¿dígame? (Telecinco), ni Divinos (Antena 3), ni Lo cartanyà (tv3). Tampoco Pelotas, estrenada hace dos días en TVE1.
Es torpe, larga, llena de tópicos, sin ritmo, aburrida,... Pretende tener una patina dramática y se convierte en depresiva. Cada capítulo se podía haber comprimido en entregas de veinte minutos y aún así sobraría material. Nada brilla, ni siquiera ese (¿intencionado?) homenaje a Lost in translation, cuando Paz Padilla le dice algo a Ángel de Andrés, cuando se marcha en el coche, que éste no acierta a escuchar. Todo resulta exagerado, impostado, sin interés alguno. Corbacho y Cruz (sus directores) parecen más interesados en reflejar y recrear el ambiente de un barrio modesto, que en profundizar y dinamizar una historia a la que le cuesta, horrores, avanzar. La frescura de Tapas o el realismo de Cobardes brillan por su ausencia. De Pelotas no interesan ni sus personajes, ni las cosas que nos cuentan.
Creo que Pelotas seguirá la misma suerte que las otras series de El Terrat en las generalistas y será retirada a medida que vaya perdiendo espectadores. Ocurra o no, lo que sí empieza a ser necesario es que dimita el responsable de TVE que da luz verde a las ficciones nacionales que está comprando el ente.